¿Cómo afectan los fuegos artificiales el aire que respiramos?

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Los fuegos artificiales en diciembre: “es como respirar el humo de los tráilers”

Los espectáculos con fuegos artificiales dejan partículas suspendidas en la atmósfera, que producen contaminación y potencialmente pueden afectar la salud de personas susceptibles. El año está por acabarse y los espectáculos con fuegos artificiales serán una vez más protagonistas de las celebraciones alrededor del mundo. Probablemente hayas escuchado que la pirotecnia es contaminante, pero ¿sabes por qué?

 Lo que quizá pocos saben —o prefieren ignorarlo— es que de esos destellos fugaces se desprenden partículas dañinas que incrementan la contaminación en el ambiente y que pueden colarse hasta nuestros pulmones, con consecuencias graves para nuestra salud.

La pólvora de la pirotecnia está compuesta de una serie de químicos —como el dióxido de azufre, el potasio y el carbón vegetal, entre otros—; juntos forman un coctel de contaminantes que se esparce por todo el aire en partículas muy finas —las PM 2.5 y PM 10— que entran a nuestro organismo cuando respiramos. Sin embargo, los fuegos artificiales no son los únicos responsables de la contaminación en las fechas decembrinas. Las tradicionales hogueras que se hacen en las reuniones contribuyen a que, durante estos días, respirar aire limpio sea prácticamente imposible, pues las fogatas liberan contaminantes tóxicos, como el hollín, que se mezclan en la atmósfera rápidamente, explica Ricardo Torres Jardón, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM.

“¿Has notado que al día siguiente de una quema de cohetes queda un olor peculiar en el ambiente?”, pregunta el investigador de la UNAM. “Bueno”, explica Torres Jardón, “eso que estamos respirando es producto de los contaminantes que se quedan suspendidos en el aire, algunos hasta por doce horas. Por eso es normal que en esos días sientas que te duele la cabeza o que tengas los ojos rojos o una ligera molestia en la garganta. Esa neblina que se queda suspendida, después del 12 y el 25 de diciembre y del 1 de enero, es la concentración de las partículas tóxicas que se quedan flotando”. El investigador lo explica de una forma más visual y contundente: respirar esas partículas, en esos días, es equivalente a inhalar la masa de humo negro que sacan los tráilers.

La Organización Mundial de la Salud ya ha documentado que la exposición  a las partículas PM 2.5 puede ser grave para muchas personas, pues tiene el potencial de causar enfermedades respiratorias serias —se relaciona, por ejemplo, con la incidencia de cáncer de pulmón y de vejiga—. Además, recientemente varios estudios han advertido que la contaminación del aire está provocando enfermedades autoinmunes. “Si bien estas partículas no crean enfermedades por sí solas, sí agravan los padecimientos ya existentes, sobre todo en personas con afecciones respiratorias o cardiovasculares. Las que se ven más afectadas son las personas con asma, la contaminación puede agravar sus síntomas”, alerta Torres Jardón.

Pero la contaminación debida a los fuegos artificiales no solo nos afecta a nosotros, los humanos. Estas partículas se quedan depositadas en las plantas y en los árboles, por ejemplo, lo que a la larga también podría afectar su proceso de fotosíntesis, que es vital para mejorar la calidad del aire que respiramos, dice el investigador. La comunidad científica ha alertado, a la vez, sobre los daños que causan los fuegos artificiales en los animales, debido a los altos niveles de sonido que producen, lo que incluso puede tener como efecto que algunos pierdan la capacidad auditiva o la vista, pues los cohetes en muchas ocasiones dejan daños irreparables en sus ojos, además del miedo y el estrés que les suscitan. En las aves, por ejemplo, estos explosivos ocasionan que pierdan su sentido de orientación ante el pánico que les produce el ruido.

En el mundo hay algunos ejemplos de regulaciones para proteger el ambiente y la seguridad de las personas, como en China, que comenzó a regular el uso de fuegos artificiales en varias ciudades desde 2015. Hace poco se comprobó que prohibirlos durante las celebraciones (como la del Año Nuevo chino) logró disminuir hasta en 8% la concentración de las PM 2.5 en los meses en que se llevan a cabo las principales festividades del país.

En Alemania varias ciudades han establecido zonas libres de fuegos artificiales y es que, según la Agencia Federal del Medio Ambiente de ese país (UBA), estos liberan unas cinco mil toneladas de partículas finas en el aire en una sola noche, la del Año Nuevo, “lo que equivale, aproximadamente, a dos meses de tráfico en carretera”.

Finalmente, Torres Jordán recomienda que mientras ardan los fuegos artificiales cerremos las ventanas de nuestras casas para que las partículas no se cuelen en nuestros hogares, y aconseja que al día siguiente salgamos con cubrebocas para evitar una mayor exposición a los contaminantes que desprenden. Aunque la verdadera invitación es a pensar si es necesario que, por unas horas de espectáculo, padezcamos por muchos años más los efectos explosivos de estos cohetes en el medio ambiente.

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